Nuevos comienzos en la era digital

Mi papá fue una de las personas más platicadoras que yo he conocido; siempre de broma he dicho que soy más callado y serio porque él no me daba oportunidad de hablar. Él se subía a un taxi y platicaba con el chofer, se iba a cortar el pelo y platicaba con su peluquero, con el vendedor de zapatos, con todos sus vecinos; platicaba con todo mundo. En casa, su pasatiempo favorito era estar con su familia y nunca había escasez de historias para él por contar. También mi mamá tiene su buena dosis de historias.

A través de estas historias me enteré que en su infancia mis padres viajaron por horas a caballo, caminos que ahora toman unos cuantos minutos por carretera. Me enteré que a mi mamá la enviaron a un internado para estudiar la primaria porque no había escuela en su ciudad. Supe que mi papá viajaba tres días del sur de Veracruz hacia la Ciudad de México; parte del camino a caballo y quedándose hospedados en pueblos para esperar la llegada del tren. 

Pareciera que estoy hablando de una película de vaqueros ambientada en el siglo XIX. No, estoy hablando del siglo XX, no hace más de 80 años.

 

Así como mis padres, yo también tengo mis propios recuerdos que a veces me hacen sentir viejo. Recuerdo cómo me enteré de la existencia del correo electrónico el primer día de clases de maestría; no tenía ni idea de lo que era. También aprendí a utilizar Windows en esos días; en una computadora de la universidad porque yo no tenía una. A mis amigos les llamaba por teléfono a sus casas; nadie tenía teléfono celular, ni siquiera en los países más avanzados. 

Eso fue apenas en 1995, ya casi siglo XXI. En esos tiempos pensé que una carrera universitaria y una maestría me pondrían en la cima de mi profesión; y ciertamente ayudaron, pero pronto fueron insuficientes.

 

Nuestros padres y abuelos han presenciado la muerte de su venerada época de trabajos eternos que terminaban en jubilación; pasaron de viajar a caballo hasta tener teléfonos inteligentes, de las estufas de leña al horno de microondas, vieron el nacimiento de las salas de cine, las películas en videocassette, DVD y BlueRay; y también la muerte de éstos al llegar las plataformas de transmisión de video, que también están vapuleando a los cines y la TV. 

 

Hoy día, con los avances tecnológicos, mi generación y las próximas estamos a merced de cambios aun más rápidos, por lo que tenemos un riesgo mayor de perdernos en el camino. Pero no olvidemos que los mayores riesgos también implican mayores ganancias; nunca como hoy las personas hemos tenido tantas facilidades para crear trabajos. ¿Te imaginaste alguna vez que existirían los youtubers? A mí jamás se me ocurrió que existiría ese trabajo, mucho menos hubiera pensado que te puedes hacer rico con esa actividad. Han nacido también oportunidades para que emprendedores creen sus tiendas en línea, para que profesionistas ofrezcan sus servicios en línea sin restricciones geográficas. No todos se convertirán en Jeff Bezos o Mark Zuckerberg; cientos de millones se quedarán en el camino, pero también millones tendrán la oportunidad de vivir como les plazca y donde les plazca. En el otro extremo, estábamos tan acostumbrados al uso del CD y el DVD que jamás nos imaginamos que serían borrados casi por completo de la faz de la tierra; para desgracia de Blockbuster, tampoco se lo imaginaron hasta que fue demasiado tarde para ellos. Millones de productos y servicios que eran parte de nuestra vida cotidiana han sido sustituidos por otros nuevos.

 

Aunque todo cambio genera resistencia por miedo a la incertidumbre, también genera nuevas oportunidades que están fuera de nuestra imaginación. Es una práctica de modestia aceptar que no tenemos ni idea de adónde nos pueden llevar. Por ejemplo, cuando nació la revolución industrial ya se empezaba a criticar las condiciones infernales de trabajo en algunas fábricas y minas, sin embargo, también se crearon miles de nuevas necesidades que requirieron de millones de personas para satisfacerlas. Los niveles de pobreza se redujeron dramáticamente. Todo cambio siempre trae consigo aspectos negativos y positivos.

 

Desde hace cientos de años existen los alarmistas que hablan de la sobrepoblación, del cambio climático, de hambrunas creadas por falta de empleo generadas por la automatización. Las personas que tanto se quejan y vociferan son las que menos aportan soluciones, mientras tanto hay afortunadamente muchas otras que están inventando los trabajos que habrán de surgir a partir de la tan mentada transformación digital, otras están inventando los materiales y tecnologías que habrán de reducir el cambio climático, que de hecho ya lo están haciendo. 

 

La realidad es que los problemas en un futuro próximo pueden ser completamente opuestos a los que nos imaginamos: en lugar de personas sin empleos, las empresas pueden tener problema para llenar sus puestos, ya que muchísimos aprenderán y preferirán vivir en autoempleo y creando sus propias pequeñas empresas. Las ciudades se empezarán a vaciar porque ya no será necesario vivir en una gran ciudad para tener un empleo; podremos vivir donde nos plazca. Las personas tendremos más oportunidad de escoger con libertad lo que realmente queremos hacer; será más fácil tener una carrera haciendo lo que realmente nos llena y no solo una serie de trabajos que nos mantienen.

Para aquellos que tanto se preocupan por la sobrepoblación: según diversos estudios, la población crecerá hasta alrededor de 10 mil millones en el 2050 y seguirá creciendo con menor rapidez hasta el 2100, parando en 11 mil millones; de ahí empezará a decrecer y países como China y Japón, continentes como Europa se empezarán a quedar sin población por la simple razón de que han limitado mucho los nacimientos. En pocos años, el problema para muchos países no será la sobrepoblación, sino la falta de población.

Seguramente me estoy equivocando en mis pronósticos porque los estoy realizando con lo que observo en el mundo actual y no tengo idea de qué sorpresas nos depara la vida. ¿Qué tipo de sorpresas? Piensa en un ejemplo: la segunda guerra mundial. ¿Te has preguntado en sus efectos sobre las mujeres? Millones de hombres fueron a pelear y millones de amas de casa tuvieron que ir a trabajar; así se abrió un mercado de trabajo enorme para las mujeres en todo el mundo. Los anticonceptivos y hasta las toallas sanitarias le dieron también a las mujeres una nueva libertad para moverse por el mundo con mayor facilidad. La revolución industrial requirió de millones de trabajadores e hizo esencial la participación de las mujeres en el mercado laboral; los hombres ya no eran suficientes. 

En la actualidad, la pandemia de COVID aceleró dramáticamente la adopción de la oficina en casa y del comercio electrónico.

 

No tenemos idea de cuál será el nuevo invento o evento que vendrá a revolucionar nuestros estilos de vida. Por eso hago esta invitación: dejemos de quejarnos y empecemos a ver  la enorme cantidad de oportunidades que se están abriendo con esta era digital. Reinventémonos, abramos nuestra mente a todas las oportunidades que están naciendo, aprovechemos la gran facilidad de acceso que tenemos a la información. No creamos nada a priori porque hay muchos charlatanes en busca de fortuna, pero tampoco desechemos ideas o propuestas sin analizar sus méritos; incluso las peores ideas pueden tener elementos dignos de ser considerados. Analicemos cuántas nuevas necesidades están naciendo y cómo podemos ayudar a satisfacerlas. 

Estamos ante una oportunidad única en la historia para tomar control de nuestras vidas y llevarlas por el camino de la independencia y el éxito. 

 

“La inteligencia se basa en lo eficientes que las especies se vuelven para hacer las cosas que necesitan para sobrevivir.” Charles Darwin

 

Podemos notar en la frase de Darwin que el mundo podrá estar cambiando rápidamente, pero hay algo que siempre seguirá siendo cierto: las especies que sobreviven son las que mejor se adaptan a su entorno; y esto también sabemos que es válido para las empresas. La adaptabilidad es la madre del cambio y no hay aprendizaje posible sin la existencia del cambio. Todo lo que has aprendido te ha requerido un esfuerzo que involucra un cambio necesariamente. Unos aprendizajes te hicieron más fuerte físicamente, otros emocionalmente, otros mentalmente. Aprender a andar en bicicleta te dió una libertad que no tenías antes de saber hacerlo y te requirió vencer miedos, cambiar creencias y aprender coordinación. Aprender a leer y a escribir te abrió las puertas a un mundo de conocimiento que cambió tu vida extraordinariamente. Aprender a criar un hijo o vivir en pareja cambia vidas radicalmente.

 

Con nuestros aprendizajes adquirimos la habilidad de adaptarnos a nuestro entorno. En estas épocas de pandemia hemos tenido que acostumbrarnos a trabajar desde casa; hemos tenido que cambiar muchos hábitos y adquirir nuevas habilidades para adaptarnos a la realidad que estamos viviendo actualmente.

 

Sabemos que aprender a usar la rueda y el fuego cambió el curso de la humanidad. Aprender algo tan simple como sorber de un popote es un factor que mejora nuestras vidas considerablemente; así, pequeños aprendizajes también pueden tener grandes repercusiones. 

No tengo duda de que la habilidad para adaptarnos a nuestro entorno es la más poderosa, pero no hay adaptabilidad posible sin la presencia de otras habilidades: sin modestia, visión estratégica, asertividad, empatía, iniciativa, colaboración y creatividad la adaptabilidad no puede crearse. 

Sin modestia, en la era de las cavernas un macho alfa podría creerse capaz de vencer a seis enemigos y terminar descuartizado, lo mismo puede suceder hoy día; recuerdo un comentario que en mi niñez mi maestro de karate siempre nos decía: practicar artes marciales implica aprender también a correr rápido para salvarse de una paliza si estás en una posición de desventaja. En términos de negocios, la modestia juega un papel muy importante para saber cuando ceder de manera estratégica para salir bien librado de una negociación, también para aprender a reconocer errores y no volverlos a cometer. 

Sin asertividad no tienes el poder para tomar la iniciativa de hacer cambios y sin iniciativa ningún plan se materializa en acciones. 

La creatividad la necesitas para crear las alternativas adecuadas para adaptarte a tu entorno y la empatía la necesitas para entender tu entorno, para conectar con otras personas; sin empatía simplemente harías los cambios que tú crees que son necesarios para adaptarte, pero no tendrías la capacidad de entender las consecuencias de tus nuevas acciones y comportamientos sobre las personas y cosas que te rodean. Sin empatía, la labor de ventas es imposible porque jamás entiendes las necesidades y motivaciones de tus clientes.

Por todo esto las habilidades blandas no pueden estudiarse por separado, porque forman parte de un engranaje que necesariamente debe trabajarse en simultáneo; una habilidad retroalimenta a la otra y por lo tanto no puede existir sin la presencia de la otra.

Si haces un ejercicio de imaginación podrás darte cuenta que estas habilidades han sido útiles desde el principio de los tiempos: quien descubrió la utilidad del fuego y la rueda ya contaba con una gran creatividad y visión estratégica, quien fundó las primeras tribus entendió los beneficios de la colaboración y el trabajo en equipo.

 

No tenemos una idea completa de lo que nos depara el futuro, lo único que sabemos a ciencia cierta es que nuestra capacidad para adaptarnos a lo que se presente depende de nuestras cualidades humanas; mientras más las desarrollemos, estaremos en mejor posición de control de nuestro bienestar y nuestros resultados. 

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